¿Qué impacto tendrá realmente la IA sobre el empleo en el sector financiero?
Algunas entidades ya no están utilizando la IA solo para automatizar tareas concretas, sino para rediseñar completamente su estructura operativa. Empresas como Coinbase, Block, Commerzbank o Allianz han vinculado recientemente parte de sus reorganizaciones internas y ajustes de plantilla a estrategias centradas en IA y automatización.
En algunos casos, incluso parece que hemos pasado del "mobile first" al "AI-native", desplazando el foco desde la experiencia del cliente hacia la eficiencia operativa.
Sin embargo, el verdadero cambio no parece estar en la desaparición inmediata de profesiones completas, sino en la transformación de muchas de las tareas que forman parte de ellas.
Y en sectores como banca y seguros, donde conviven procesos altamente automatizables con otros basados en la confianza, el criterio o la relación humana, el impacto puede ser especialmente relevante.
Ese es nuestro análisis en nuestro artículo de hoy.
Según estimaciones de McKinsey la IA ya sería técnicamente capaz de automatizar el 57% de las actividades relacionadas con el trabajo.
Pero eso no significa que pueda sustituir el 57% de los empleos.
Es un matiz, pero la diferencia es importante. La mayoría de los puestos dentro de una entidad financiera o aseguradora combinan tareas repetitivas con otras donde siguen siendo fundamentales aspectos como el análisis, la supervisión, la negociación, la empatía o la toma de decisiones.
De hecho, varias entidades están comprobando que la IA no reemplaza completamente a una persona, sino que modifica el reparto del tiempo y el valor aportado dentro de cada función.
Eso obliga a redefinir perfiles, responsabilidades, habilidades… y cambiar nuestra forma de trabajar.
Y aunque muchas organizaciones insisten en que la IA actuará principalmente como complemento del trabajo humano, la realidad es que ya empiezan a aparecer ejemplos donde la automatización sí está teniendo impacto directo sobre determinadas estructuras y equipos.
Coinbase: ha anunciado la semana pasada una reducción aproximada del 14% de plantilla, vinculándola directamente a su transformación hacia una organización “AI-native”. Su CEO afirmó que determinados equipos ahora pueden hacer en días lo que antes requería semanas.
Commerzbank: el banco alemán ha anunciado la semana pasada alrededor de 3.000 despidos dentro de su estrategia “Momentum 2030”, asociada al despliegue de IA en procesos como KYC, revisión documental o elaboración de contratos. Incluso hablan explícitamente de liberar y redistribuir parte de la capacidad operativa gracias a la IA.
Block: la fintech detrás de Square y Cash App indicó que la IA le está permitiendo operar con equipos más pequeños y automatizar parte del trabajo interno, lo que se ha traducido en recortes relevantes de plantilla.
Allianz: el grupo asegurador prevé hasta 1.800 recortes en su división de seguros de viaje (principalmente en call centers) por la automatización de procesos manuales mediante IA.
Esta discusión recuerda mucho a lo que ocurrió con los cajeros automáticos y los empleados de banca.
Durante años se utilizó el ejemplo de los cajeros automáticos (ATM) como prueba de que la automatización no destruía empleo: aunque los cajeros automáticos reducían muchas tareas operativas, los bancos siguieron necesitando personal para reforzar el asesoramiento y la relación con el cliente.
Sin embargo, análisis más recientes apuntan a que el verdadero cambio llegó años después con la expansión de la banca móvil y los teléfonos inteligentes.
La reflexión es especialmente interesante para entender el momento actual de la IA.
Automatizar tareas concretas no siempre elimina un puesto de trabajo. Pero cuando una tecnología puede cambiar completamente la forma en que los clientes se relacionan con una entidad, el impacto sobre determinados perfiles sí que puede ser mucho más profundo.
Y esa es precisamente una de las grandes preguntas que hoy se hacen las entidades financieras y aseguradoras: si la IA será simplemente una herramienta para mejorar productividad… o si terminará transformando completamente algunos modelos de atención, venta y relación con el cliente.
Por eso, el debate no debería limitarse a si la IA destruirá o no empleo, sino a cómo se redistribuirá el valor generado por la automatización y qué tipo de perfiles podrán seguir siendo diferenciales en función de cómo usen la IA.
Dentro de banca y seguros, los perfiles más expuestos no son necesariamente los de menor cualificación, sino aquellos cuya actividad depende en gran medida de tareas estructuradas, repetitivas o fácilmente automatizables.
Muchos procesos administrativos ya están siendo automatizados mediante IA, RPA y automatización inteligente:
En áreas donde antes era necesario revisar manualmente grandes volúmenes de documentación, la IA puede reducir significativamente los tiempos operativos.
No significa necesariamente la desaparición de estos equipos, pero sí una reducción de determinadas tareas de bajo valor añadido.
Los asistentes virtuales y copilotos conversacionales están mejorando rápidamente su capacidad para resolver consultas sencillas, gestionar incidencias o acompañar procesos básicos.
Las entidades ya utilizan IA para:
Esto puede afectar especialmente a los niveles más básicos de atención o soporte estandarizado.
Sin embargo, cuanto más compleja, emocional o sensible es la interacción (por ejemplo, en inversiones, hipotecas, siniestros…) más importante sigue siendo el acompañamiento humano.
La IA ya ayuda a programar, detectar errores o vulnerabilidades, generar documentación o acelerar desarrollos. Y eso está cambiando el trabajo de muchos equipos técnicos.
Pero incluso aquí, el valor diferencial ya no está solo en escribir código, sino en:
Por eso muchos expertos ya hablan menos de “programadores” y más de perfiles capaces de construir, coordinar y supervisar sistemas apoyados en inteligencia artificial.
Las áreas de marketing tampoco son ajenas al cambio.
Según el Informe IA 2026 de DITRENDIA, el 82% de los profesionales de marketing ya utiliza herramientas de IA en su trabajo.
Sin embargo, esto tampoco implica la desaparición de los equipos de marketing.
Lo que cambia es el tipo de valor que aportan:
Porque si todas las compañías utilizan las mismas herramientas, la ventaja competitiva ya no estará solo en usar IA, sino en cómo se utiliza.
El mayor desafío para entidades financieras y aseguradoras quizá no sea tecnológico, sino organizativo y cultural.
Porque la IA obliga a replantear:
Además, en sectores donde la confianza sigue siendo clave, la automatización tiene límites evidentes.
Los clientes pueden aceptar que una IA agilice procesos o simplifique gestiones. Pero cuando las decisiones afectan al ahorro, la protección, el patrimonio o la tranquilidad financiera, la necesidad de acompañamiento humano sigue siendo muy relevante.
La conversación sobre IA y empleo suele plantearse en términos extremos: o destrucción total de empleo o impacto limitado.
Pero la realidad parece mucho más matizada.
La inteligencia artificial sí está transformando profundamente el trabajo dentro de entidades financieras y aseguradoras. Algunas tareas desaparecerán, otras se automatizarán y muchos perfiles evolucionarán.
Sin embargo, todo apunta a que el verdadero cambio no estará tanto en la sustitución completa de personas, sino en la redefinición del valor que aportan.
Y en ese nuevo escenario, habilidades como el criterio, la confianza, la empatía, la creatividad o la capacidad estratégica pueden volverse todavía más importantes que antes.
La pregunta ya no parece ser si la IA transformará el empleo en banca y seguros, sino qué perfiles sabrán adaptarse mejor a un entorno donde el valor humano será cada vez más diferencial.
En el Informe IA 2026 de DITRENDIA analizamos cómo está evolucionando este cambio y qué implicaciones tiene el sector financiero y asegurador. Descárgalo gratis desde aquí: